MI AMOR POR UNIVERSITARIO
MI AMOR POR UNIVERSITARIO
Se daba inicio a la década del 70,
corría en año 1972. Mi papá, ebanista de profesión (dato importante para este
cuento), era gran aficionado al fútbol e hincha de Universitario de Deportes. Recuerdo
aquellos imperdibles tripletes al que nos llevaba casi todos los domingos, en
el Estadio Nacional, a mi mamá (dicho sea de paso, la única hincha del compadre
de La Victoria) y sus 5 hijos. Nadie se perdía de la deportiva celebración, en
la que a media tarde bajábamos a los corredores a comprar nuestro almuerzo:
arroz con pollo, tallarines, flejol con seco, chanfainita …. El fútbol
deleitaba nuestra vista y la comida nuestros paladares, tardes de completo éxtasis.
Por lo general, el equipo de sus
amores, la “U”, por ser siempre animador del campeonato, jugaba el partido
final, con un equipo de ensueño. A mis cortos 12 años tuve la suerte de ver
jugar a Horacio Ballesteros, Héctor Chumpitaz, a “la bruja” Fernández, a Nicolás
Fuentes, a Elezar Soria, “al colorado” Cruzado, a Víctor Calatayud y su famosa
puñalada, a Ángel Uribe un 9 de polendas, a Cachito Ramírez. Ese es el equipo
de universitario que yo conocí, con quien aprendí a ver fútbol, con quien
disfrutaba largas tardes futbolísticas en nuestro querido Estadio Nacional. Luego llegarían “el cachorro”
Castañeda, “el niño” terrible Roberto Challe, “el trucha” Rojas, “el ciego” Oblitas,
“el loco” Bayletty, “el jet” JJ Muñante…. es decir…. tremendos talentos futbolísticos…
imposible olvidar aquellos nombres.
Por esa época, mi papá se hace socio
de la barra de Universitario de Deportes, y acá empieza la primera parte de la historia. ¿recuerdan que les conté que mi papá
era ebanista? Resulta que un día en su taller, previo a una tarde futbolística,
coge una de las maderas que ahí tenía, con la circular la habilita como una
tabla de 1 pulgada de grosor , con 25 cms de largo y 10 de ancho, y con la tupi
les hace unos canales internos en una cara, luego hace unos canales a los laterales
(para poder tomarla una con cada mano) y las une por un extremo con una bisagra….
Y así es como crea la primera “tablilla”, que lleva el domingo al estadio
nacional, para hinchar por su equipo.
Recuerden que la barra clásica de
la “U” dice: (batiendo palmas) tata, tata,“ Y DALE U” … tata, tata, “ Y DALE U”
tata, tata “Y DALE U”. La tablilla cumplía su objetivo, hacía un ruido sonoro y
hermoso, simplemente causó furor… todos los que la veían preguntaban : ¿dónde
la venden? ¿Dónde la compraste?, y obviamente el decía “yo las fabrico”, la
siguiente semana habían como 50 más en el estadio, y semana a semana se
multiplicaban…. Luego cada quien pintaba su tablilla de crema, le ponía su nombre
y una “U” roja…. así empieza la historia
de las famosas tablillas, que amenizaban, hinchaban y que acompañaron a nuestro
equipo, hasta que dejaron de permitir llevar a los estadios objetos
contundentes, que ahora resultan peligrosos.
Ese hecho hizo a mi papá conocido en la barra, llegando
a sus máximas autoridades, (prefiero no mencionar nombres, que por supuesto
recuerdo), así que en una de esas reuniones aprovechó para comentar que tenía
dos hijos muchachos “que peloteaban un poco”. El club tenía una academia de fútbol,
que funcionaba en el estadio de Odriozola, en Breña. Nos inscribieron a mi
hermano y a mí. El seis años menor, en calichines, yo en infantiles.
Acá viene la segunda parte de la historia:
llego a mi primer día de clases, había muchos
niños en clases, yo desconcertado seguía instrucciones: corre para acá, corre para allá, salta, agáchate,
échate al piso… una serie de ejercicios, como una clase de educación física del
colegio… hasta que los niños dicen: “ahí está el profe”, volteo y veo a un
señor viejito, bueno así lo vi yo, con un caramelo en la boca, que chupaba
constantemente haciendo un sonido como chasquido, terminaba uno y empezaba con
otro. Su asistente traía una gran bolsa con pelotas… le dio una pelota al profe
y este empezó: vamos a practicar llevar
el balón, luego a patear al arco: “si quieres que vaya a la derecha, pateas con
este lado del pie”, mostrando el lado externo de su pie, “si quieres que vaya a
la izquierda, pateas con este lado del pie”, mostrando el interior, “si quieres
que vaya derecho, no hay nada mejor que un puntazo”…. Ahora vamos a cabecear… y
el mismo procedimiento con la cabeza, derecha, izquierda, de frente; terminó la
parte técnica de la clase, luego soltaron algunos balones, nos dividieron por
talla y peso y luego de preguntar: ¿tú
de que juegas?, se armaron los equipos… y siguió la tarde con algunos partiditos. Al terminar todo pregunté a mis compañeros: ¿ cómo se llama el
profe?, ahhhh, él es LOLO … ¿ LOLO??, ¿qué LOLO?? …. EL GRAN CAÑONERO…¡¡¡
Con historias y vivencias como
esas, como no enamorarme del Club de Odriozola, de la “CREMA”, de la que me
trae tantas añoranzas y recuerdos imperecederos. La de tantos triunfos, y títulos,
la de la “garra” incansable, de la que pelea hasta el último minuto, la de
alegrías y llantos, la de las 27 copas. La que hizo que en nuestro dormitorio
(yo dormía con mi hermano en el mismo cuarto, compartiendo un camarote), pintáramos
de crema (con pintura esmalte) una pared de 3 mts, por 2.40 de altura, y dibujáramos
un circulo con la “U” más grande y hermosa que podíamos hacer… DE PISO A TECHO…..
Si eso no es amor… no sé lo que pueda ser… “ Y DALE “U”,
TODA LA VIDA, CARAJO…”
Nacho Pavia
22/Marzo/2024
Qué bonitos recuerdos y qué lindo lo que has ivido con tu papá y tu hermano. Mientras leía me acordé fe nuestra compañera de primaria, Agama. Ella me llevó en dos oportunidades al Lolo Fernández, pero ella iba porque le parecían simpáticos algunos jugadores. Mi papá también nos llevó a mi hermana y a mí para ver jugar al Deportivo Municipal.
ReplyDeleteSimpatizo con la U, pero todavía no llego al amor que tú le tienes.
Grandes anecdotas hermanito querido, como no recordar las famosas tablillas, nuestras experiencias en el Lolo Fernández y nuestra inmensa "U" en el cuarto. Vamos por mas! Te quiero mucho
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